Viaje al sur de PORTUGAL: Lisboa, el Alentejo y el Algarve
Lisboa es una de las capitales más antiguas de Europa occidental. Su historia cambió radicalmente en 1755, cuando un terremoto seguido de un tsunami destruyó gran parte de la ciudad. La reconstrucción dio lugar al barrio de la Baixa, considerado uno de los primeros ejemplos de planificación urbanística moderna en Europa.
Hoy conviven zonas medievales como Alfama con áreas reconstruidas bajo criterios geométricos del siglo XVIII.
A unos 130 km de Lisboa comienza el Alentejo, la región más extensa del país y una de las menos pobladas de Europa. El cambio de paisaje es inmediato: desaparece la densidad urbana y aparecen grandes llanuras agrícolas.
Históricamente, esta región fue clave tanto en la romanización de la península como en la formación de la frontera entre Portugal y Castilla.
Évora es Patrimonio Mundial por la UNESCO desde 1986. Su templo romano, conocido como el “Templo de Diana”, data del siglo I d.C. y es uno de los mejor conservados de la península ibérica.
En la Edad Media, la ciudad fue residencia de la realeza portuguesa. También alberga la Universidad de Évora, fundada en 1559 por los jesuitas, lo que la convirtió en un centro intelectual relevante del país.
Un elemento curioso es la Capilla de los Huesos, construida en el siglo XVII con restos humanos procedentes de cementerios locales como reflexión sobre la fugacidad de la vida.
Monsaraz es una aldea medieval amurallada situada en una colina con vistas al embalse de Alqueva, uno de los mayores lagos artificiales de Europa.
Su trazado urbano se mantiene prácticamente intacto desde la Edad Media, cuando funcionaba como punto defensivo en la frontera con Castilla. La estructura del castillo formaba parte de una red de fortificaciones estratégicas en el sur del país.
Hoy es uno de los ejemplos mejor conservados de urbanismo medieval en Portugal.
El entorno de Alqueva se ha convertido además en uno de los mejores lugares de Europa para la observación astronómica gracias a su escasa contaminación lumínica.
El Algarve, cuyo nombre proviene del árabe “Al-Gharb” (el occidente), fue una de las últimas regiones en incorporarse al reino de Portugal en el siglo XIII.
Este pasado explica la presencia de elementos arquitectónicos y urbanos de origen islámico en varias localidades.
El paisaje cambia completamente: del interior agrícola a la costa atlántica con acantilados y formaciones rocosas.
Lagos fue un puerto clave durante el siglo XV en la Era de los Descubrimientos portugueses. Desde aquí partieron expediciones hacia la costa africana occidental.
Ponta da Piedade es uno de los ejemplos más conocidos de erosión marina en el Algarve. Las formaciones de roca caliza han sido esculpidas durante miles de años por el Atlántico, creando cuevas, grutas y arcos naturales.
Más al oeste, Sagres ocupa un lugar fundamental en la historia marítima portuguesa. Aquí estableció su base el Infante Don Enrique, impulsor de las exploraciones oceánicas portuguesas. Durante siglos, este lugar fue considerado el “fin del mundo conocido” por su posición frente al Atlántico abierto.
Faro es la capital del Algarve y uno de los principales accesos internacionales del sur de Portugal. Su casco antiguo está rodeado por murallas de origen romano y reconstruidas posteriormente en época medieval.
Un dato curioso es que parte de su centro histórico fue construido sobre ruinas romanas visibles en varias excavaciones arqueológicas abiertas al público.
Tiempo libre para disfrutar del ambiente tranquilo de la ciudad antes del regreso.
Desayuno y regreso a su lugar de origen
Fin del viaje